martes, 26 de julio de 2011

Así éramos de Jesús Caudevilla



Sinopsis:
Los años 1974 y 1975, los últimos del régimen franquista, fueron para los españoles años decisivos y de cambios; para los jóvenes fueron además, tiempos de lucha y aprendizaje.

“Así éramos”, retrata la historia de dos de estos jóvenes, militantes de izquierdas en Sabadell (Barcelona), que se conocen en un acto político y caen profundamente enamorados. A través de un diario que escriben para empezar a conocerse y cientos de cartas que se envían cuando no les queda más remedio que estar separados, el lector se sentirá como un protagonista más de esta fantástica historia de amor, lucha y rebeldía.

En este libro su autor, Jesús Caudevilla, describe hasta el más mínimo detalle los sentimientos, vivencias y situaciones por las que sus protagonistas tienen que pasar hasta conseguir su objetivo final: que nada ni nadie pueda separarles.


Me he traslado sin querer al Café de la Creu en esa época y he perdido el color. Ya sé que me delata el televisor plano pero el libro es un viaje a los sentimientos de una época irrepetible.

© del libro "Así Éreamos" y de su video, Jesús Caudevilla

artículo Manel Aljama (julio 2011)

sábado, 23 de julio de 2011

Libros: (2) Vida del libro



En el capítulo anterior empezamos la serie con la publicación del libro. Hoy hablaremos de su vida. Por desgracia el libro tiene un ciclo de vida, en especial en España. En otros países sucede también pero con distintos matices y resultado. Que un libro sea equiparable a un producto de consumo, por ejemplo, un refresco, es gracias al capitalismo. También cabe decir que ha sido el capitalismo el que ha hecho posible que el libro en tamaño bolsillo o ahora en ebook, pueda llegar a muchísima gente. Así, de igual modo que nos tomamos la bebida y queremos más, la industria hace que leamos un libro del autor tal y rápidamente lo olvidemos y pidamos “otro”.

Via tradicional: desde la editorial
Detallo aquí los pasos o etapas en la vida del libro.
  1. Nace fruto de la creación el autor. Notas, búsquedas, documenación, a máquina de escribir, en ordenador, grabadora, fotos, recortes, servilletas, páginas de otro libro, de todo.
  2. Supongamos que tenemos agente y editorial. Se fija fecha para la edición y otros detalles: portada, tamaño, sinopsis, markéting, etc. etc.
  3. Entra en imprenta.
  4. Sale para los almacenes de distribución.
  5. Nuestra obra llega a la librería
  6. Con suerte iremos a la mesa de novedades. Nuestra estancia ahí depende de cuánto conocidos somos y cuánta demanda suscita nuestro libro.
  7. Pasado una semana, cual cenicienta a la que le llega la medianoche a nuestro libro le llega la encrucijada:
    • a) De vuelta a la editorial: porque la librería no tiene fondo o porque el libro no ha despertado interés.
    • b) A la estanteria: porque aunque despierte interés no hay sitio para los grandes y para la ingente cantidad de novedades que llegan. Ir a la estantería no es un castigo, es una suerte. Significa que la librería tiene fondo. Puede quedarse allí un año o quizá más aunque pasado el año, el librero lo puede devolver a la editorial.
Para evitar tanto a) como  b) hace falta que:
  • El autor tiene que ser conocido, que tenga visibilidad. Tendrá que poner mucho de su parte para eso.
  • La obra tiene que venderese, aunque sean la mitad de los ejemplares tirados y con un descuento del 30%, como separata en la prensa y hasta en los hipermercados junto a las pelotas de playa.
Todos los libros publicados en España reciben este trato con excepción de los primeros espadas (abuso del lenguaje taurino porque sí): Zafón, Asensi, etc. Imaginemos qué futuro le espera a servidor que de ir de maletilla ha conseguido llegar a espontáneo. En las librerías todavía no hay seguratas y en las plazas puede que sí.

En el capítulo 3 explicaré lo que no se ve.

© Manel Aljama (julio 2011)

lunes, 18 de julio de 2011

Libros: (1) Publicar el libro


La máxima aspiración de todo autor (escritor, poeta, ensayista) es ver su obra publicada en papel. Hoy día se puede publicar por internet, igual que hacen ya los grupos de música. Pero parece que en el mundo de la literatura esa opción está como mal vista.

Hay dos opciones principales para publicar un libro: ir a una editorial o autopublicarlo uno mismo. Las grandes editoriales parecen inaccesibles y las pequeñas están en contínua evolución. Cada año nacen decenas de editoriales de las que al cabo de otro año con suerte sobreviven dos. La autopublicación requiere mayor esfuerzo por nuestra parte pero nos dará mucha experiencia para luego tratar con las editoriales. Igualmente este país es el que más títulos publica y el que tiene los índices de lectura más bajos de la OCDE. Es decir siempre leen los mismos.

Acudir a una editorial
Puedes imprimir tu manual en DIN A4 y enviarlo a la editorial elegida. Lo darán a un comité de lectura para que opine sobre el mismo. El proceso se puede demorar un tiempo y la respuesta no está asegurada. En el caso de ser agraciados, es decir, nos publican el “manuscrito”, no lo van a hacer ahora mismo. ¡Puede demorarse hasta otro año más!, en función de sus necesidades de mercado.
  • Ventajas: La editorial hará el marketing.
  • Inconvenientes: Es la modalidad que deja menos margen (€) y el método más difícil para publicar. Nos olvidamos de todo lo demás pues se encarga la editorial.

Autopublicar
Hasta hace unos pocos años era un auténtico timo pues consistía en encargar un tiraje de 100, 500 o 1000 ejemplares, que se pagaban del bolsillo del solicitante, el cual simplemente mandaba su manuscrito por correo electrónico. Pero con la llegada de las imprentas POD (Print On Demand) se han abaratado los costes y no es obligatorio un tiraje mínimo, tan sólo nos imprimiremos el ejemplar de galerada para revisarlo. Existen ya muchísimos sitios. Dejaré aquí los más conocidos. Los libros fabricados con este modo son exactamente iguales a los “normales” y si se dispone de ISBN, las liberías pueden venderlos.

  • http://www.lulu.com: Es el pionero. Dispone de ayudas para maquetar, hacer la portada y también de paquetes módicos de precio para obtener ISBN, promocionar y saltar de la web a la librería.
  • http://www.bubok.com:  Es la versión española de Lulu y son un poco diferentes. Aúnan la experiencia de la web (Evoluziona / GrupoBúho) con el mundo editorial de siempre (Destino). Disponen como Lulu de paquetes de gestión para hacer los trámites legales.
  • http://www.librored.com:  no dispone de asistente y tenemos que enviar el manuscrito.
  • http://www.blurb.com:  es una copia de Lulu
  • http://www.booksurge.com:  es  copia de Lulu hecha por Amazon.

En el mundo de la música ya hace tiempo que hay grupos sin discográfica y que se han hecho famosos y han montado giras. Sus canciones se compran directamente en su página web. Resulta que esta opción está como “mal vista”, como si fuese de poca calidad. La verdad es que los lectores y editores de las editoriales también se equivocan y como veremos en próximos capítulos, muchos libros van a la tritaturadora.
  • Ventaja: obtenemos el mayor beneficio
  • Inconveniente: Quizá lo peor es que la marketing lo tenemos que hacer nosotros. Debemos costear ISBN y constituir un Depósito Legal.

Trámites en España
Para vender un libro en web no hace falta más que el libro exista y el comprador tenga medios de pago.
Para que el libro vaya a la librería debe tener un ISBN, un código que identifica al libro en todo el mundo.
En España, además existe la particularidad del Depósito Legal que es obligatorio. No lo voy a explicar aquí porque excede la limitación de este espacio, pero viene a ser como la apostilla que llevaban los libros en la antigüedad:  "Con permiso del Duque, licencia del Conde, a Gloria del Emperador...".  Es así y es obligatorio para todo libro imprimido en España.  Por tanto quedarían exentos los de Lulu, Blurb en tanto sus oficinas no están en nuestro territorio. Parece un contrasentido que en la era de Internet se quieran poner puertas al campo.

En el capítulo 2 explicaré la vida del libro, desde la imprenta hasta que llega a la librería.

© Manel Aljama (julio 2011)

domingo, 10 de julio de 2011

Son órdenes

La estancia era muy pequeña, más bien estrecha. Había escasez de luz. Tan sólo una lámpara flexo encima de una mesa metálica que enfocaba y que casi encandilaba al individuo que estaba atado a una silla. Tenía la cabeza dejada caer sobre el hombro izquierdo. Sus ojos estaban cerrados y los pómulos le ardían. Un hilillo de sangre se deslizaba por la entreabierta comisura de los labios. No estaba muerto pues se escuchaba un fatigoso y esforzado resuello. Se abrió una puerta y entró un poco más de luz. Irrumpieron dos individuos que descendieron los dos escalones que se elevaban sobre la entrada del cuarto. Cerraron la puerta.
—¡Vaya! ¡El nene se ha dormido!—dijo el que llegó primero a las proximidades del reo.
—¡Pues le despertamos! ¡Faltaría más! —dijo el segundo al tiempo que propinaba un puñetazo en el plexo solar del torturado que se quejó y soltó una bocanada de saliva sanguinolenta.
—¿Quieres más? —le interpeló quien acababa de propinarle el golpe. No respondió. Pero el goteo empezaba a ser hemorragia. El verdugo hizo un ademán de asestarle un golpe en la cabeza pero el primero le detuvo el brazo con firmeza.
—¡Espera un poco! Todavía tiene que durar.
—¡Menudo golfo! —respondió pero vociferando al martirizado— ¡Menuda suerte tienes!
Su compañero subió la breve escalera de dos peldaños y alcanzó la puerta. Salió dejándola entornada con la habitación sumida en una oscuridad rota únicamente por la incandescencia del flexo. No tardó demasiado. Volvió trayendo consigo un balde metálico lleno de agua que brillaba en la penumbra.
—Ten —dijo dirigiéndose a su compañero para que cogiese el cubo—, le daremos un descanso.
El otro lo agarró con las dos manos, dio un paso hacia atrás y le arrojó el contenido. El hombre casi se ahoga. Empezó a toser sin atreverse a abrir los ojos. Enderezó su cabeza. El transportista del agua bajó un poco el flexo quizá para que no se cegase del todo.
—¡Venga! ¡Confiesa de una puta vez! ¡Lo sabemos todo!
—¡Quiero ver a mi abogado! —respondió con voz entrecortada el recluso.
—¿Para qué? ¿Para que tengas un juicio justo? ¿Para que pagues una multa? ¿Para ser más justo? —respondió el agresor—. Ese no es nuestro estilo. Ya estamos cansados y ahora aplicamos nuestras propias reglas y nuestro propio método. ¿Has entendido?
—Nosotros —añadió el que parecía tener más dotes de mando—, obedecemos órdenes. Se nos ha dicho que has comprado música en el “top-manta”; y además tenemos las pruebas. Desde la sociedad de autores nos han dicho que te demos un escarmiento y que acabemos contigo. ¿Qué ganamos llevándote a la justicia? ¿Responde?


© Manel Aljama (febrero 2009)
Publicado con anterioridad en marzo de 2009: Son órdenes

lunes, 4 de julio de 2011

El despertar del dragón

Fuente Internet (modif electrónica)

Después de seis largos años de recuperación Sun Li ya estaba dispuesto para el retorno. Tenía sólo catorce años cuando los malvados secuaces del terrateniente Tao Shu violaron a su hermana y mataron a su padre. La madre desesperada se suicidó arrojándose al río. Sun huyó atemorizado pues creyó que toda la aldea la iba a culpabilizar por lo sucedido. El perverso Shu había propagado la idea de que Li le había pedido entrar a su servicio y formar parte de su banda. En el camino Li fue asaltado por unos bandidos que, después de robarle la bolsa con los últimos dineros que le quedaban, le rompieron piernas y brazos dejándolo malherido junto a un riachuelo. Fue recogido por Wun Tu, un monje Shaolin, quien mandó llamar a unos cuantos acólitos para que construyesen una rudimentaria parihuela con la que transportarlo hasta el templo.
La sanación completa de sus huesos le tomó un año. Dedicó los otros cinco a fortalecer el cuerpo y, sobre todo el espíritu. Empezando desde lo más bajo se convirtió en el mejor discípulo. Cultivó la humildad, la solidaridad y lo más importante, las artes marciales. La comunidad le brindó la posibilidad de volver a su antigua vida para devolver la justicia y restablecer su honor. Por respuesta, Sun Li decía siempre que estaba bien así, que aunque no sabía qué sería ahora de su hermana, él prefería la vida monacal. A esa afirmación, el maestro respondía cada vez:
—Esperaré a que estés preparado. Esperaré a que seas capaz de caminar sobre el papel de arroz sin dañarlo y, entonces, sabrás que habrá llegado tu momento.
Li guardaba silencio y tenía muy presente los restos sin vida de su madre estrellada en las rocas, la cabeza decapitada de su padre o la sangre descendiendo por las piernas de su hermana después del ultraje.
El viaje de regreso duró unos meses. Quiso tomarse su tiempo. Uno de los esbirros de Shu le reconoció. Como si fuese en un entrenamiento se deshizo de él para siempre con un par de golpes. Disfrazado se dirigió hasta el castillo de Shu. Fingió pedir trabajo y le aceptaron. Una vez dentro encontró a su hermana, que estaba de concubina al servicio de Tao. Empezó a eliminar a sus enemigos. Aunque venían con una actitud agresiva, en el fondo parecían no defenderse y esperar que Li les propinase el definitivo y certero golpe que les aliviase sus penas. Uno a uno acabó con ellos hasta que sólo quedó Tao. Éste agarró a la hermana y amenazó con degollarla. En un gesto de rabia y por sorpresa, la muchacha, le arrebató el puñal y se lo clavó en el pecho. Tao Shu se arrodilló de dolor profiriendo un grito. Por último ella le arrancó los ojos con sus uñas antes de que cayese de bruces en medio de un confuso charco de sangre.
En seguida aparecieron los títulos de crédito, se encendieron las luces y el público empezó a levantarse de sus butacas. Siempre me ha gustado ver estas viejas películas de artes marciales. Es una pena que ahora no las programen ni en las filmotecas. Menos mal que los propietarios de este cine de barrio tuvieron esta genial idea.

© Manel Aljama (julio 2009)
Publicado anteriormente el 23 de julio de 2009, El despertar del dragón